•El armadillo de cola desnuda (Cabassous centralis), que se encuentra exclusivamente en las zonas de acahuales y pastizales de la Selva Lacandona de Chiapas.

El multicitado jaguar (Panthera onca), que habita en los planos costeros y en las áreas montañosas a lo largo de ambas vertientes desde el sur de Sinaloa y el centro de Tamaulipas hacia el sur y el sureste por el istmo de Tehuantepec hasta la península de Yucatán. Se puede hallar en manglares, el matorral xerófilo y en los bosques tropical, mesófilo de montaña, espinoso, y el de coníferas y encinos.

El manatí (Trichechus manatus), que se encuentra en los estados de Tamaulipas, Veracruz, Tabasco, Campeche, Yucatán, Quintana Roo y Chiapas. Vive en ríos, arroyos, lagunas, cenotes costeros y marinos, caletas y bahías adyacentes al mar.

El mono araña (Ateles geoffroyi), que puede ubicarse en los bosques tropicales, selvas altas y medianas de Veracruz, los manglares de Chiapas, en las zonas de selva baja y en los petenes en Yucatán.

•El mono aullador o saraguato (Aloutta pigra), que habita desde la península de Yucatán hasta Belice y Guatemala; vive en el bosque tropical perennifolio, incluye selvas lluviosas, bosques de galería y bosques mesófilos.

•El mono aullador o saraguato (Aloutta palliata), que habita en México desde Los Tuxtlas, en Veracruz, hasta la Sierra de Santa Marta en Chiapas y cerca de Juchitán, Oaxaca.

•El ocelote (Leopardus pardalis), distribuido a lo largo de las planicies costeras del Pacífico y del Golfo de México, desde el estado de Sinaloa y Tamaulipas hacia el sur, incluso en la península de Yucatán.

•El perro llanero mexicano o perrito de la pradera (Cynomys mexicanus), una especie endémica correspondiente a una pequeña región de valles y pastizales de la montaña ubicada entre los límites de los estados de Coahuila, Nuevo León, San Luis Potosí y Zacatecas.

•El teporingo (Romerolagus diazi), correspondiente a una especie endémica sólo localizada en las laderas de las montañas del sur y sureste del Valle de México y en el Nevado de Toluca. Habita bosques y zacatonales subalpinos y alpinos a los 3 000 mil a 4 300 m de altura.

•El tigrillo (Leopardus wiedii), que se distribuye en las zonas costeras del Pacífico y del Golfo de México desde Sinaloa y Tamaulipas hacia el sur y en la península de Yucatán. Se localiza en el bosque tropical, en manglares y en el mesófilo.

•La vaquita marina (Phocoena sinus), endémica de México, vive en el Golfo de California.

Entre las aves están el águila arpía (Harpia harpyja)

El águila cabeza blanca (Haliaeetus leucocephalus),

La grulla blanca (Grus americana),

La chara garganta blanca (Cyanolyca mirabilis),

La cigüeña jabirú (Kabiru mycteria),

La cotorra serrana occidental (Rhynchopsitta pachyrhyncha)

La guacamaya verde (Ara militaris),

El halcón peregrino (Falco peregrinus),

El loro cabeza amarilla (Amazona oratrix),

El quetzal (Pharomachrus mocinno).

Las tortugas, por su lado, enfrentan en las playas mexicanas todo tipo de riesgos que las llevan a la orilla de la extinción. Entre ellas se encuentran la tortuga marina cauama (Caretta caretta);

la tortuga marina verde del Pacífico o tortuga prieta (Chelonia agassizi);

la tortuga marina verde del Atlántico o tortuga blanca (Chelonia mydas);la tortuga almizclera chopontil (Claudius angustatus);la tortuga riverina centroamericana o tortuga blanca (Dermatemys mawii); la tortuga marina laúd (Dermochelys coriasea); la tortuga marina de carey (Eretmochelys imbricata);la galápago de Mapimí (Gopherus flavomarginatus);la tortuga marina escamosa del Atlántico o tortuga lora (Lepidochelys kempi); la tortuga golfina escamosa del Pacífico (Lepidochelys olivacea).
¿POR QUÉ SE VAN? Por desgracia, las actividades humanas no son compatibles con la vida salvaje y son las que más amenazan a la fauna y la flora.
Los entornos se fragmentan y con ellos caen y se degradan los ecosistemas. A la tala de árboles le sigue de inmediato un insidioso proceso de erosión y poco después ocurre una serie de modificaciones que reducen los bienes y los servicios ambientales, lo cual sumado propicia la extinción de los animales residentes en la zona.De un año a otro se derriban 600 mil ha de selvas, bosques y otros tipos de vegetación nativa en México equivalentes a la desaparición de un campo de fútbol por minuto.
La mayor parte de esta destrucción se justifica aduciendo fines económicos, como destinar tierras a cultivos o pastizales. Se puede afirmar que estos últimos son los enemigos declarados de los ecosistemas. También hay que agregar a la lista los incendios.De esta manera, tanto la agricultura como la ganadería resultan particularmente destructivas. Adicionalmente, los lagos y los ríos están contaminando el entorno con sedimentos que arrastran con la fuerza de la lluvia y el viento.A este frenesí de barbarie se añaden las actividades ilegales, como la compraventa de animales silvestres y la cacería furtiva. La enorme demanda de aves exóticas con fines decorativos para residencias y hoteles ha disparado el comercio clandestino y las ha convertido en mercancías codiciadas, por lo que su futuro es incierto, con graves consecuencias para las poblaciones y los ecosistemas.Es frecuente encontrar en los periódicos notas como la siguiente, que fue tomada al azar: “El día de hoy, la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente, PROFEPA, decomisó 19 ejemplares de fauna silvestre, algunos de ellos catalogados como ‘en peligro de extinción’, provenientes de Oaxaca, Yucatán, Chiapas y Campeche en mercados ambulantes de Atizapán y Nicolás Bravo, Estado de México”. Dé un vistazo al periódico y usted también encontrará notas semejantes casi todos los días.
BUENO SE DESPIDE SU COMPAÑERO: CESAR ISIDORO REYES